Prensa Libre

La victoria electoral de Arévalo evoca la de su padre en 1945 y abre las puertas a una renovación democrática del Estado.

La ciudadanía guatemalteca, liderada por la juventud, dio un giro a la historia. A través de su voto soberano del 20 de agosto dio un rotundo NO a la compra de votos, no al clientelismo, no a la corrupción, no a la politiquería que nos tiene hasta ahora hundidos en la pobreza y el abandono. Todos debemos unirnos a esa fuerza futurista para trazar un horizonte de innovación y desarrollo para las generaciones por venir.

En la cosmovisión maya, el tiempo no es lineal sino circular. Hay ciclos. Y lo veo claramente en lo siguiente: Diversos historiadores y sociólogos afirman que Guatemala no entró en el siglo XX sino hasta el año 1944. Salió de la dictadura con la Revolución del 20 de Octubre y ese mismo año fue electo presidente el doctor Juan José Arévalo, considerado el mejor mandatario de todos los tiempos porque dio impulso a la educación, la salud pública, la seguridad social, el desarrollo económico y la modernización legislativa. Hoy, Guatemala padece de otra dictadura: la de la corrupción, la impunidad, la desnutrición, el rezago en el desarrollo, la politiquería sucia y el despotismo de autoridades ineptas.

Al observar el triunfo resonante del doctor Bernardo Arévalo, hijo del ilustre expresidente, se puede afirmar que en 2023 Guatemala entra por fin al siglo 21. Al igual que en ese lejano 1944, en agosto 20 de 2023, los guatemaltecos se unieron para generar su propia oportunidad. El guatemalteco honrado, nunca deja morir la esperanza. ¡Juntos creamos vías de avance!

Puede lograr aún más la dignidad ciudadana que marcó el 20 de agosto último su repudio a la vieja política.

Una revolución democrática pacífica es posible con el gobierno entrante. Al igual que en la dictadura del siglo 20, hay ciertos funcionarios que se resisten a ese cambio, quieren destruirlo porque adeudan a oscuros intereses. Pero la ciudadanía ya habló fuerte y claro, sentó un hito: repudió a quienes ya se sentían confiados en seguir robando recursos públicos. 

Así se abre la puerta a una renovación del servicio público y actividad política legítima y auténtica. Sin embargo, para que los guatemaltecos honrados con don de servicio lo puedan caminar, se necesita modificar el sistema partidario actual que tiene incrustada barreras para la creación de nuevos grupos políticos. El diseño que la vieja política creó para obstaculizar e impedir que la ciudadanía honrada se organice, deben ser eliminados. La ley de partidos políticos debe permitir que los guatemaltecos podamos aportar a fondos necesarios para costear las actividades de nuevos grupos políticos ciudadanos, para reunir las 25 mil firmas y establecer bases en departamentos y municipios. Actualmente no está permitido, pero eso solo beneficia a los mismos de siempre y así permite entrada a los vergonzosos narco partidos y cascarones electoreros. La nueva ley electoral debe cambiar para permitir hacer crowfunding y otras modalidades de colecta. Esto liberará a los nuevos partidos ciudadanos de financistas corruptos o del dinero de mafias. 

Sabemos que en 4 años no se puede cambiar todo, pero sí se pueden establecer las bases que eliminen barreras para que nuevos actores políticos transformadores y visionarios puedan seguir con la transformación de Guatemala. Es por eso que el TSE debe oficializar esta semana al Dr. Arévalo como presidente electo para comenzar cuanto antes la transición. 

El 20 de agosto de 2023 abrió la puerta a la renovación institucional. Hay un congreso con mayoría de otros partidos, para sí su legítimo interés es Guatemala, como gritaban en campaña, no debería haber problema en trazar acuerdos de Nación. No tienen alternativa, pues si no, como dicen los juramentos de funcionarios “el pueblo se los demandará”.

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Marcos Antil