Prensa Libre

Acortar distancias no es logística ni privilegio: es una forma concreta de unir personas, oportunidades y desarrollo.

He aprendido que, cuando necesito inspiración, regresar a mis raíces siempre me levanta. Ahí encuentro fortaleza y la certeza de estar parado en tierra sólida y fértil. Por eso, después de varios meses, regresé a Guatemala en un viaje que me llevó por la ciudad capital, Quetzaltenango, Huehuetenango y hasta Santa Cruz Barillas.

Viajé con los sentidos abiertos. No solo para ver a la familia, sino para escuchar el latir del corazón del país. Cada paso me confirmó que, aun con grandes desafíos, hay una fuerza que no se quiebra: los guatemaltecos que trabajan, emprenden y sueñan, sembrando con su granito de maíz un mejor futuro.

Como en 2003, cuando regresé por primera vez después de “secarme”, volví a encontrar jóvenes y emprendedores con talento, creatividad y ganas. También vi líderes empresariales que no solo buscan crecer, sino crear futuro con educación, deporte y espacios que van más allá del aula. No esperan rescate; construyen con acciones. Esa energía comprometida y constructiva sigue siendo el corazón del país.

Un país que acepta que una comunidad esté a doce horas de distancia, acepta también que el desarrollo nunca llegue ahí.

En muchas comunidades vi grandes movimientos económicos. Las remesas no solo sostienen hogares; están transformando territorios. Están creando una nueva economía local que se ve, se toca y se siente.

Uno de los momentos más reveladores fue volar de la ciudad de Guatemala a Santa Cruz Barillas en 55 minutos, una iniciativa impulsada por un joven maya de apenas 28 años que decidió no esperar a que el futuro llegara, sino salir a construirlo. Por carretera, ese mismo trayecto tomaría más de 12 horas. Esa diferencia es acceso al futuro.

En Guatemala he compartido mesa con líderes empresariales de la capital, de cabeceras departamentales y de comunidades rurales. Moverme con naturalidad entre esos espacios me confirma algo claro: mi responsabilidad —y la de quienes podemos movernos entre ambos mundos— no es solo pertenecer a ellos, sino provocar que se encuentren. En todas esas reuniones se repite una realidad: personas que podrían transformar regiones enteras no se conocen entre sí, no porque no quieran, sino porque aún no se ha dado ese spark que las acerque a la mesa.

Cada uno está enfocado en hacer crecer su comunidad, y eso es valioso. Pero he visto proyectos que se complementan y esfuerzos que podrían multiplicarse si existiera mayor cercanía. Cuando se acorta la distancia, se abren conversaciones; cuando hay conversación, nacen decisiones que sí impactan a las comunidades.

Desde el cielo también se aprende. Al sobrevolar distintas zonas, fue evidente que muchas pistas de aterrizaje que existieron hoy están cerradas, lotificadas u ocupadas por otras actividades. Cerrar una pista significa cerrar reuniones futuras, inversiones posibles y decisiones que podrían cambiar destinos, además de levantar una barrera más para un turismo sostenible, una de las rutas más poderosas para generar oportunidades dignas. Cuando una región queda lejos, queda fuera de oportunidades. Cuando se acerca, entra al mapa real del país.

Por eso es importante tener claro que las carreteras, las rutas aéreas y la conectividad no son símbolos de privilegio, sino puentes. Unen personas, ideas y mercados. Así como la llegada de carreteras y electricidad transformó comunidades en pocos años, la conectividad aérea es otro motor de desarrollo.

Las naciones que avanzan no son las que construyen más discursos, sino las que nunca cierran caminos. Lo que hoy parece innecesario, en cinco o diez años será fundamental.

Por eso, quienes sirven desde las municipalidades y los departamentos deben pensar más allá del presente inmediato.

Aunque en Guatemala no todo ha funcionado, el país sigue fuerte porque su gente no se rinde. Ahora toca que la visión acompañe ese esfuerzo. No cerrar caminos, abrirlos donde no existen y acortar distancias no es una opción técnica. Es la decisión que define el país que seremos.

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Marcos Antil SoyMigrante.com, Founder - CEO
Emprendedor tecnológico, maya q’anjob’al y migrante guatemalteco. Impulsor de la educación y la transformación digital. Fundador y CEO de la compañía XumaK durante 18 años, con clientes en más de 25 países. Y ahora de SoyMigrante.com, LLC.