No se trata de crear privilegios, sino de dignificar al migrante y garantizar un derecho que ya existe.
Ciudadano guatemalteco, tú que hoy sí puedes votar: quisiera pedir tu apoyo para que se reconozca el derecho de los migrantes a participar en las votaciones por alcaldes y diputados, ya que hoy únicamente se nos permite votar por presidente. Este vacío democrático nos afecta a todos. Los migrantes seguimos siendo parte de las comunidades donde viven nuestros seres queridos: aportamos remesas a la economía local, conocemos la historia de nuestros pueblos y sus realidades. Somos un voto calificado para participar en la elección de autoridades municipales y representantes distritales que toman decisiones sobre servicios básicos, infraestructura, educación y desarrollo, y de las cuales hoy estamos excluidos.
Escucha el audio de este texto aquí:
Como migrante, he vivido lo que significa mirar a Guatemala desde afuera y ver que el país que tenemos aún no está construido para todos. Pero también sé que hay un camino hacia adelante: unirnos—integrando las voces de quienes viven dentro del país y de quienes, desde fuera, seguimos comprometidos con su futuro.
El Congreso debe asumir su responsabilidad y avanzar en una reforma electoral que garantice a los guatemaltecos en Estados Unidos el derecho a votar por diputados y alcaldes. El reconocimiento a los migrantes por sus remesas debe traducirse en hechos concretos. Las visitas cada cuatro años, en época electoral, para pedirnos que influyamos en el voto local de nuestros familiares no pueden seguir siendo gestos vacíos. Por eso, hago un llamado a integrar plenamente el derecho a elegir de todo ciudadano, viva dentro o fuera del país.
Todos contribuimos a la economía de Guatemala, pero no todos podemos decidir su futuro.
En 2025, los migrantes contribuimos a la economía guatemalteca con 25.5 mil millones de dólares en remesas familiares, un aumento del 19% respecto al año anterior. Detrás de ese récord hay sacrificio, trabajo duro, miedo y la dura separación familiar. Sostenemos las economías locales: estudios, medicinas, vivienda, pequeños negocios y proyectos comunitarios.
Los guatemaltecos juntos —dentro y fuera del país— sostenemos al país con esfuerzo y compromiso. Hay 18 millones de guatemaltecos viviendo en Guatemala, mientras que casi 4 millones residen en el exterior. Esa proporción se refleja en la economía del país: 80% de producción se genera dentro de Guatemala, y 20% proviene de las remesas. Pero la representación política no tiene la misma proporción.
Durante años se han repetido las mismas excusas para esta exclusión injustificable: que es complicado, que no se sabe dónde deberían estar empadronados los migrantes. Pero no es complejo. En el contexto nacional, cuando una persona se muda de un municipio a otro, realiza los trámites necesarios para cambiar su residencia. Ese mismo principio puede aplicarse a los migrantes. Un guatemalteco en el exterior debe poder actualizar su residencia electoral en el municipio de origen o donde vive su familia y donde invierte sus remesas. El Renap sabe de dónde somos y dónde nos encontramos. Hoy, las herramientas tecnológicas agilizan cualquier proceso.
No se trata de crear privilegios sino de extender derechos que ya existen y dignificar la relación del Estado con los migrantes. Es cuestión de sentido común. El Congreso de la República de Guatemala debe someter las reformas necesarias, no para debilitar la Ley Electoral, sino para incluir a los migrantes guatemaltecos. Al nuevo presidente del Congreso, diputado Luis Alberto Contreras, tú puedes hacer historia al incluir el punto en agenda. Las acciones de las y los diputados lo observan millones de guatemaltecos: quienes viven en Guatemala que tienen voz y voto, y quienes estamos en el extranjero, pero que tenemos familias en Guatemala que tienen voz y voto.
Guatemalteco, alza tu voz y exige a tu diputado distrital que permita votar a tus hijos, padres, hermanos, amigos que hoy son migrantes. Una democracia completa se construye cuando las instituciones escuchan y cada ciudadano participa, sin importar de qué lado de la frontera esté.
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