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Leyendo: Ventana al futuro

La digitalización educativa en Guatemala no puede seguir esperando.

Prensa Libre

Xavi y Matías son primos. Ambos tienen seis años y estudian la preprimaria. Sin embargo, viven separados unos 400 kilómetros de distancia. El primero reside en una aldea de Ixcán, Quiché, y el segundo en la Ciudad Capital.

Este año, mientras espera que concluya el ciclo escolar, Matías, que estudia en un colegio, ya puede leer y escribir. Mientras que Xavi, que cursaba el mismo grado en la escuela pública de su aldea, prácticamente no avanzó más allá de lo que llevaba aprendiendo hasta marzo cuando suspendieron las clases tras la pandemia. A diferencia de él, su primo que vive en la ciudad estudiando en un colegio mejor preparado, no vio afectado sus estudios, ya que pudo seguir recibiendo clases en línea a un ritmo que el colegio supo adaptar a la nueva realidad.

Xavi es ejemplo de la realidad de miles de niñas y niños en Guatemala, sobre todo de aquellos que viven en el área rural.

Él se suma a los más de 64 mil 500 estudiantes que han abandonado la escuela este año, según cifras preliminares del Ministerio de Educación, empujados en buena medida por el coronavirus.

Si para 2019 se estimó el abandono escolar en más de 211 mil estudiantes en los cinco niveles educativos (preprimaria, primaria, básico, diversificado y primaria de adultos), dentro de uno total de 4 millones 178 mil estudiantes matriculados, podría suponer que la cifra para este año será aún mayor si consideramos los efectos del cierre de escuelas por causa de la pandemia.

En general, el coronavirus vino a evidenciar muchas desigualdades sociales en nuestro país y en la educación, entre estos, la brecha digital y la falta de acceso a la tecnología educativa. En Guatemala, según el Censo de Población 2018, el 68% de los habitantes no tiene acceso a Internet y el 78% no tiene una computadora. Además, solo el 16% de estudiantes del sector público tiene acceso a Internet. El impacto será mayor para las niñas que ya de por sí tienen limitaciones de acceso escolar. Basta con ver que de los 141 mil 337 menores de edad fuera del sistema educativo, según el censo escolar 2017-2018 del Ministerio de Educación, el 65% son niñas.

La inversión del Estado en la educación ha sido débil, su debilidad es irrefutable ante su forma de enfrentar los efectos de la pandemia. Por eso es importante apostarle de una vez por todas por la educación—esta coyuntura nos brinda la oportunidad para despertar. La digitalización educativa no puede esperar más. En Guatemala necesitamos adaptar el currículum escolar a la educación en línea, formar maestros en el mundo digital y llevar la conectividad a todas las escuelas del país. Los padres de familia debemos involucrarnos más en los procesos educativos de nuestros hijos para adaptarnos a los retos de la educación a distancia o semipresencial.

No hay mejor camino hacia el progreso de un país que la educación.

La educación posibilita la educación a cientos de miles de niñas y niños. Es la mejor inversión que existe para el progreso equitativo. La educación lo cambia todo—para bien. Es increíble ver el cambio en los niños al tener acceso a una computadora y conexión en su escuela. Personalmente he visto esa luz en sus ojos y esa perspectiva de futuro en los rostros de niños como Xavi, que lo único que necesitan es la educación—la herramienta más asertiva para su progreso. La digitalización educativa es la ventana hacia el futuro que comienza con la niñez de hoy.

Guatemala debe enfocar toda su energía en la modernización y transformación del sistema educativo. La inversión pública en educación debe tener como única meta la calidad educativa y un currículo adaptado al mundo futuro. No hay mejor camino hacia el progreso de un país que la educación.