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Leyendo: Tesoro

Lo más valioso que todos tenemos, no es lo que siempre más apreciamos.

Prensa Libre

Reflexionando sobre lo que el 2016 me ha dejado, me doy cuenta que hay dos cosas que he tenido y a la vez se han ido sin vuelta atrás: ¡El tiempo y la vida!

Mi estimado lector, si por alguna razón te fue mal en la parte financiera en el 2016, te puedo decir con certeza que no es el fin. Lo puedes intentar nuevamente. Si no lograste alcanzar alguna meta que te habías puesto para este año, lo puedes intentar nuevamente en el 2017. La perseverancia es clave y es lo que premia. ¿No hiciste el viaje que tanto has querido? El nuevo año debe traer nuevos planes. ¿No tuviste tiempo para estar con tu familia o tus seres queridos? Eso sí es irrecuperable, sobre todo si alguien amado ya no está, pero aun así es lo que más debes valorar. 

"Recuerda que puedes, en cualquier momento, analizar tu pasado. Ya lo has vivido y no lo puedes cambiar. Sin embargo, tu futuro está por escribirse y eso sí lo puedes guiar hacia donde tú quieras llevarlo". - Marcos Antil

Ahora que el 2017 comienza, no visualices solo lo que harás este año. Visualiza lo que estarás haciendo de aquí a 10, 20 o 30 años. La visión a largo plazo es trascendental para aprovechar el tesoro de la vida al máximo.

¡Ojo! Hay que darle a todo su justo valor para no arrepentirse. En la Navidad del 2015, no estuve con mi familia —con mi mamá— y en esta Navidad, la muerte ya me la había arrebatado. ¡Qué no daría por haber estado con ella la última Nochebuena! Así es de impredecible la vida. Así de irrecuperable es el tiempo. Por eso, debemos atesorar nuestro tiempo más que cualquier otra cosa. Nuestra vida es el mayor activo que tenemos y jamás hay que olvidarlo, menos en los momentos más adversos. 

Justamente hace unas semanas, un amigo, me envió el texto de la conferencia que el gran William H. Rehnquist, ex presidente de la Corte Suprema de los Estados Unidos de América habría expuesto a los graduandos en doctorado de leyes de una prestigiosa universidad de ese país. Rehnquist, en lugar de inspirar a los graduandos en ser exitosos en sus carreras, quería bajarles los pies a la tierra y recordarles lo que realmente era importante —y no era el éxito en su campo de estudio— sino motivarlos a darse cuenta de lo que realmente es vital, algo que él mismo descubrió a los 70 años de edad. Si lo usan bien, en la única vez que tienen la oportunidad de hacerlo, les hará bien, dijo. Se refería al uso del tiempo. Lejos de buscar éxito, fama y demás, debían utilizar con sabiduría su tiempo. 

Soy un fiel creyente de la innovación y de ir en busca de nuevos objetivos de éxito, pero creo aún más en vivir experiencias inolvidables: aquellas que se recuerdan para siempre, sin importar donde uno esté o en que época uno vive. Esas experiencias que a los 70 años recordarás, las que viviste a los 17, a los 25, a los 30, que tuvieron impacto en tu vida y que te enorgullecerá contar a tus hijos, nietos, bisnietos…

Mi querido lector, te  recuerdo que cada segundo es un hito que te puede marcar la vida y la vida de tus seres queridos. Gracias por haber dedicado unos minutos a este texto. Ahora valora tu tesoro y vívelo.