Leyendo: Guatemalteco crea florescencia virtual

De niño, la mayor aspiración de Marcos Andrés Antil era ser como su padre: trabajar su pequeña parcela en Santa Eulalia, Huehuetenango, y “bajar” cada año a la costa para emplearse como jornalero en las fincas de caña y café.

Prensa Libre

“Quería sembrar plátanos y naranjas; aprender a cortar café”, recuerda, Andrés Antil, ahora de 34 años de edad. Tres décadas después, poco sabe sobre labrar la tierra, y aunque el vínculo con el campo aún pervive en él, su vida gira en torno a la realidad virtual.

UN GIRO TOTAL

Nacido en el seno de una familia maya-q’anjob’al, Andrés es el tercero de ocho hermanos —cinco hombres y tres mujeres—. Hasta los 11 años, su vida seguía el curso de sus sueños de convertirse en un agricultor; pero el conflicto armado interno que azotaba al país desde 1960 se había recrudecido y su familia fue alcanzada. En 1987, su padre tuvo que abandonar el país para salvar a su familia del asedio del Ejército y la guerrilla. La opción más próxima fue Estados Unidos. La vida de Marcos dio un giro total. Se negó a irse de Guatemala, y no fue sino hasta 1990 cuando emprendió el camino solo, cuando tenía 13 años de vida. “Me fui como se van casi todos”, pronuncia en tono de resignación.

COMENZAR DE CERO

Reunido con su familia en San Diego, California, Marcos asistió a Belmont High School en 1991, y se graduó en 1995. “Prácticamente comencé mi vida desde cero. No fue nada fácil”, rememora. Ese mismo año se matriculó en la Universidad Estatal de California de Bakersfield, donde cuatro años después obtuvo la Licenciatura en Ciencias de la Computación con un diplomado en Comunicaciones y un certificado en Diseño de Imágenes en Computación. Quería estudiar Derecho, porque siempre le gustó la política, pero era una carrera de al menos 10 años; de ahí que optó por una de informática. “Lo bueno fue que en el camino me gustó”. Una sonrisa en su rostro lo confirma.

“Lamentablemente, desde niños se nos dice que la matemática y las ciencias son difíciles, y eso contrasta con el talento natural de los guatemaltecos” -Jack Trachtenberg.

FLORECE XUMAK

Marcos trabajó como consultor independiente en el desarrollo de software para costear sus estudios. Unos años después conoció la tecnología de punta en ese entonces, CMS (Content Management System, o consultoría en sistemas para manejo de contenidos), cuando se unió a la empresa suiza Day Software, adquirida por Adobe en el 2010. En el 2003, decidió fundar su propia firma de desarrollo de sistemas para soluciones de informática y tecnología: Xumak LLC, con sede en California. El nombre se deriva de un vocablo de su idioma materno Q’anjob’al, significa “florescencia”. En el 2008, a pesar de que le resultaba más barato abrir una oficina en la India, Marcos Andrés optó por comenzar operaciones en Guatemala. “Siempre está en busca de la excelencia, la innovación y el equilibrio entre la solidaridad y los proyectos rentables”, describe Juan Carlos González, encargado de proyectos provenientes de Francia para Xumak Guatemala. Tres años después, la oficina en el país, que inició con cuatro ingenieros, opera con 40 profesionales que desarrollan sistemas para empresas de EE. UU., América Latina, Europa y Asia. La competitividad del equipo ha llevado a Xumak a posicionarse como pionero en ese mercado, desarrollando proyectos para el ejército de los Estados Unidos, Johnson & Johnson, Kellog’s, Naciones Unidas, Nissan y el Banco Mundial, entre otros organismos.

ESCASA MANO DE OBRA

“Trabajo con ingenieros de todas partes del mundo, pero en Guatemala están los más competentes”, dijo Marcos Andrés, quien invierte en el país entre US$75 mil y US$100 mil al mes por su plantilla de ingenieros. Xumak tiene una demanda inmediata de al menos 500 profesionales; sin embargo, en Guatemala no hay suficientes graduados en esa rama. De hecho, eso mismo llevó a Marcos a instalar una nueva sucursal en Colombia. Jack Trachtenberg, director de la carrera de Ingeniería de Sistemas, Informática y Ciencias de la Computación de la Universidad Galileo, la que más profesionales en ese ramo aporta al mercado, reconoce que la matriculación es muy baja, y solo alcanza un promedio de cien alumnos al año y una media anual de 15 egresados. A ese ritmo, Xumak espera en dos meses llegar a tener una plantilla de solo 50 ingenieros, y hasta en un año alcanzar los cien. “Lamentablemente, desde niños se nos dice que la matemática y las ciencias son difíciles, y eso contrasta con el talento natural de los guatemaltecos”, advierte Trachtenberg.